El martirio de la Legión Romana convertida a Jesucristo.
 
San Mauricio fue un centurión que lideró a la respetada y temida Legión Tebana (Legion XXII de entre 5200 y 6000 soldados de infantería y 300 jinetes), una legendaria legión romana que terminó siendo exterminada a fines del siglo III por órdenes del Emperador Maximiano por convertirse al cristianismo y no rendir culto al Emperador, ya que San Mauricio luego de tener un encuentro con el Obispo de Jerusalem decide convertirse a Jesucristo y junto a él lo seguiría toda su legión.


Cuando el emperador irritado, ordenó como escarmiento y para atemorizar a los soldados, que la legión fuera diezmada, lo que significaba que a uno de cada diez lo pasaban por las armas. Las otras legiones que fueron en busca y rodearon en los 4 flancos a la famosa Legión XXII temían el enfrentarse a esta sola por su fama y valor en el campo de batalla.


Pero San Mauricio pidió a toda su legión que siguieran las enseñanzas de Jesucristo para alcanzar la vida bienaventurada no alzando sus espadas, y clavando todos sus espadas en el suelo esperaron firmes en el lugar ser pasados por espadas ante la sorpresa de las demás legiones que no entendían el motivo de tal sacrificio, ya que estaban felices de ofrecer sus vidas antes que renegar de Cristo. Los soldados sacrificados gritaban a una sola voz: "Somos cristianos y nunca sacrificaremos a los ídolos ni saldrán de nuestros labios juramentos impíos". San Mauricio que era el Centurión en jefe y sus dos sub-alternos; San Exuperio y San Cándido, encendían los ánimos de todos aquellos soldados de Cristo que luego de haber dejado sus armas en el suelo, se estimulaban mutuamente recordando que morían por aquel que se había dejado llevar al matadero como manso cordero sin abrir la boca para quejarse.


La táctica del diezmo no tuvo éxito ante el valor de la legión, pues ningún tebano obedeció. Los romanos repitieron la operación tantas veces, que al final no les quedó ningún cristiano para seguir martirizando. A ellos se le sumó San Victor un veterano soldado que procedía de otra legión y se convirtió ante este testimonio de fe.


San Mauricio, junto con los otros jefes de la Legión Tebana, San Cándido, San Inocencio, San Exuperio, San Vital, San Urso y San Víctor fueron sacrificados asimismo, sin importar su elevado rango militar romano.

El culto de San Mauricio proliferó en toda la Europa de la Edad Media, y por largos siglos St-Maurice atrajo peregrinos de muchos países. San Mauricio fue canonizado en 962 por el papa Juan XII.

SAN MAURICIO nos enseña la importancia de tener claridad en la preferencia de nuestros valores.

LA HISOTRIA


En el siglo III de nuestra era, San Mauricio era el jefe de una legión del ejército romano en la que todos profesaban el cristianismo. Durante su estancia en las Galias recibieron la orden del emperador Maximiliano de realizar una serie de sacrificios a los dioses romanos. Al negarse, la legión que mandaba el santo fue ejecutada, siendo martirizados sus 6.000 miembros.


La narración de su vida parte de una tradición transmitida de viva voz y recogida por el obispo de Lyon Euquerio. Según ese relato, el capitán de una legión procedente de Tebas se unió al ejército que iba a la Galia a combatir a Amando y a Eliano, dos sublevados contra Roma. Como siempre, el deseo del emperador Maximiano de tener controlada la religión de sus súbditos chocó con la voluntad de Mauricio y sus soldados de no ofrecer sacrificios a ningún dios que no fuese el suyo. La negativa costó la vida a la mayor parte de la legión y creó asimismo otra legión de mártires cuyos restos fueron repartidos en la época de mayor auge de las reliquias por toda Europa. A España llegaron gracias a la devoción que los tuvieron los reyes de España y al hecho de ser San Mauricio patrono de la Orden del Toisón de Oro.

Antonio Vicente Domenech, en su Historia General de los santos y varones ilustres en santidad del principado de Cataluña recoge, siguiendo a Guillermo Baldesano, el nombre de algunos de los mártires que acompañaron a San Mauricio, como Cándido, Exuperio, Moloso, Víctor, Inocencio, Vital, Antonino, Segundo, Casio, Sebastián, Crisógono, Félix, Fortunato y Aquiles, entre otros.

Las reliquias de los santos tebanos en España tuvieron diferentes emplazamientos, siendo los más conocidos Castellón, Manresa, Toledo, El Escorial y Valladolid. En la ciudad del Pisuerga, en concreto, se veneraban dos cuerpos, uno en la Catedral y otro en "las arrepentidas" o casa de la Aprobación. Sobre todo ello y muchos más extremos interesantes de la llegada de los restos de los dos cuerpos a Valladolid a comienzos del XVII, se hizo recientemente una exposición cuyo catálogo firmaron la Directora del Museo de Valladolid, Eloisa Wattenberg y Lourdes Amigo.