20 de febrero. Santos Francisco y Jacinta Marto | San Eleuterio | San Tiranión
 
Santoral. 20 de febrero.

Santos Francisco y Jacinta Marto, niños videntes de Fátima.
Francisco nació en 1908 y Jacinta en 1910. De pequeños para cuidarse de las malas compañías preferían estar con su prima Lucía, que solía hablarles de Jesús. Los tres cuidaban las ovejas, jugaban y rezaban juntos. Del 13 de mayo al 13 de octubre de 1917 tuvieron visiones de la Virgen que se les apareció en varias ocasiones en Cova de Iría (Portugal). Durante estos sucesos, soportaron calumnias, injurias, malas interpretaciones, persecuciones y la prisión. Decían: “Si nos matan, vamos al cielo”. En diciembre de 1918 Francisco y Jacinta enfermaron de neumonía. Francisco falleció el 4 de abril de 1919. Jacinta sufrió mucho por la muerte de su hermano. Su enfermedad se complicó. Fue llevada al hospital de Vila Nova, pero regresó a casa con una llaga en el pecho, pero ella ofrecía sus dolores por la conversión de los pecadores. Murió el 20 de febrero de 1920. Fueron beatificados por el papa san Juan Pablo II el 13 de mayo del 2000 y canonizados por el papa Francisco el 13 de mayo del 2017 en Fátima, durante las celebraciones por el centenario de las Apariciones de la Virgen.

San Eleuterio, obispo.
Nació en Tournai, Francia, a mediados del siglo V, y fue consagrado obispo de su ciudad natal el año 486. Extraordinario predicador, convirtió a un gran número de francos, en tiempos del rey Clodoveo. Al mismo tiempo combatió con su palabra y sus escritos a los herejes que negaban el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. En una ocasión, al salir de la iglesia donde había celebrado la misa, fue atacado por esos herejes que lo dejaron malherido. A causa de ello murió cinco días después, el año 532.

San Tiranión, obispo y mártir.
En el año 304 un numeroso grupo de cristianos egipcios que se habían establecido en Tiro, ciudad de la que Tiranión era obispo, fueron condenados a ser echados a las fieras. Al haber salido ilesos, fueron todos decapitados. Cuando las autoridades se enteraron de que Tiranión los había alentado a confesar a Cristo, fue encarcelado y seis años después, en el año 310, tras ser sometido a torturas, fue arrojado al río Orontes donde murió.